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lunes, 8 de junio de 2026

Doctores de la ley y el grito del lidermuchedumbre: un lentomeme de doctojusticia y machodumbre

 

      

   

Para acabar con la corrupción de los palacios, hemos decidido que la ley se valide levantando la mano en las plazas. Si el debido proceso estorba al veredicto de la masa, se reforma la Constitución; pues no hay mayor pureza jurídica que un juez haciendo campaña electoral y una sentencia dictada por los puntos de rating.

La quinta transformación

 

  

 El olor a cafeína y la lluvia que mojaba el "Chorro de Quevedo" daba oportunidad a la posesión de un sentimiento colonial de la desobediencia del encomendero. En la mesa del fondo, iluminado por una bombilla opaca, un togado tinterilleando con la rastacuera opción de guardián de la objetividad civilista.  En la mesa de al lado, sosteniendo un semilicor popular y enchaquetado estaba escuchando un señor carismático, inmune al frío de la plaza.  Su intuición se desviaba de las buenas razones del togado que seguía diciendo: —La elección popular de jueces —declamó, ajustándose los lentes— es la disolución misma de la "Sittlichkeit".  Es someter la superación de la moral abstracta y el silogismo jurídico a las disposiciones del "macho" que busca la hoguera a la cívico argumentación. Nos debemos al derecho puro: parirlos de la cooptación de las mentes más preclaras de las universidades puras y despojados de real sudorando razonar lo justo.  El carismático eructó con vigor el discurso del togado; los allí divertentes se asquearon un poco mirando un cuadro posmoderno de un ejemplar rollo de papel higiénico que colgaba de la pared histórica. El carismático hombre pasando a acento español diciendo: --- ¡Vuestra "pureza" huele a pepa blanca, doctor! — Esas sentencias voluminosas (y aquí volvió a su rolo) que ustedes redactan en latín y francés no son más que el derecho de la élite encorbatinada para mantener a la muchedumbre en la estomacal impunidad: "el pueblo es infalible porque el pueblo sufre". Si la masa quiere colgar al ladrón en la plaza pública, ese es el verdadero derecho constitucional. El vivo norte que inspiró a los federados desde Camilo Torres Tenorio hacia el futuro,  es nuestra inspiración para que el sistema judicial se politice: ¡Que voten los jueces! Mire ese espejo acientificado de los rubios y del latino espejo marichi: si un magistrado quiere el cargo, que vaya al barro, que bese niños, que se unte de cárcel y de pueblo.  Que si el gerente de la petrolera es pueblo y el senador es pueblo,  que aproveche y cene con él salmón.  Que la señora con salmonela que lidera en su asentamiento las almas de sus vecinos, que la visite y le dé para los remedios: ¡La justicia debe ser un mitin político.El togado tocado en su razón pura,  apuró su trago de ron en el gesto minino del que es sorprendido por la esposa bebiendo aguardiente y mirando las manos apuradas del carismático. De la barbarie del Cartel Manito, sobresale el espejo amariachado y la caída del último dique: el derecho civil fragmentado y con la incertidumbre de estudiarse bajo la dialéctica y que no sea la trinitaria reeducada con la astucia de la teología; la misma que llamó "perro muerto" a Hegel (los hebreos asociaban al perro con la impureza y la bajeza), disfrazada de filósofos positivistas de la academia alemana.

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Se cuenta que en las regiones periféricas del país, las urnas judiciales no inauguraron una era de soberanía popular, sino un escrutinio por la amenaza. Con la eliminación de la carrera judicial y de los filtros de mérito técnico, el Palacio de Justicia se volvió ineficaz. El alarmismo susurró en los oídos personalistas: interminables listados falsos, dejando el espacio libre para que los comités locales de los cárteles financiaran activamente a sus propios litigantes de confianza. Sobre la inquisición de la conciencia popular se instauró la decapitación premoderna: los jueces que no jugaron el inocente bingo o que desafiaron las listas del crimen organizado fueron sistemáticamente ejecutados. El martillo de la doctora "palo" hizo su teatro mientras firma sentencias prefabricadas en pactos clandestinos, validando el retorno a una ley tribal como en el imperio persa aqueménida, que podía condenar a muerte a un súbdito por simple sospecha de traición o por no pagar los tributos exigidos. En este esquema de justicia, no existía el debido proceso. 

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Los alarmistas anunciaron que el presidente (a) activó la alarma contra incendios por un grito que escuchó; tras meses de defender la democratización absolutista  del Poder Judicial mediante el voto popular, la presidenta se vio obligada a enviar una reforma exprés de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales. El objetivo explícito, formulado con un pragmatismo casi desesperado ante el horizonte de los comicios de 2027, es estructurar una "Comisión de Verificación de Integridad" dentro del Instituto Nacional Electoral (INE) para escudriñar los antecedentes de los aspirantes. La delincuencia organizada se ha convertido en el banco que financia  las provincias.

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 The EU justice system uses sophisticated psychometric marketing agencies

 

 




 

En el norte del continente, los tribunales estatales operan con la precisión gélida de una casa de bolsa de Wall Street. Aquí, la politización de la justicia no viste pasamontañas ni usa la violencia física; viste trajes de tres piezas y se administra a través de sofisticadas agencias de marketing psicométrico. Tras la consolidación legal del financiamiento ilimitado, los juzgados se transformaron formalmente en la última frontera de la desregulación capitalista. Los comités de acción política (PAC) inyectan cientos de millones de dólares en las campañas de jueces estatales utilizando algoritmos predictivos y campañas de difamación digital diseñadas para moldear el voto del ciudadano consumidor. El tribunal ha dejado de ser el espacio de la razón objetiva para convertirse en una extensión optimizada del mercado: el triunfo definitivo de la razón instrumental. Los jueces ya no evalúan la dignidad humana o el espíritu de la ley, sino el rendimiento financiero de sus fallos. El derecho ha sido perfectamente cosificado; las sentencias sobre responsabilidad ambiental, derechos laborales o exenciones impositivas se calculan bajo una estricta matriz de costo-beneficio para los grandes conglomerados que financiaron la llegada del togado a la corte, demostrando que una maquinaria electoral ultraeficiente puede alienar la justicia de manera tan absoluta como el más bárbaro de los monopolios criminales. 

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Aurelio cerró los ojos, asqueado por la vulgaridad de su interlocutor. Decidió llevar el argumento de su propia casta hasta las últimas y lógicas consecuencias:

—Muy bien, Leonidas. Sigamos tu falacia democrática. Si el pueblo es la fuente de toda razón, entonces aislemos la justicia por completo de cualquier contaminación humana. Propongo que eliminemos los juzgados y creemos la "Gran Corte de la Pureza Hermenéutica". Estará compuesta por tres magistrados eternos elegidos por un examen de latín de diez días. Vivirán en un búnker de cristal sobre los cerros orientales, alimentados por sondas, sin televisión, sin internet, sin parientes. Cuando ocurra un crimen en el Chocó o en La Guajira, enviaremos los folios por correo autenticado. Nosotros dictaremos la sentencia basándonos exclusivamente en el espíritu originario de la Constitución de 1991 y los tratados de Westfalia. Si el fallo mata de hambre a una comunidad o desata una guerra civil, no importa, porque fiat justitia, ruat caelum: hágase la justicia aunque se caiga el cielo. La realidad material es un accidente vulgar; lo único real es el Precedente.

Leonidas no se amilanó. Bebió un sorbo de cerveza y radicalizó su propia postura hasta el delirio:

—¿Y tú crees que eso nos asusta? ¡Perfecto! Llevemos el voto popular hasta el final, copiemos la receta de los aztecas modernos. No solo elegiremos a los magistrados; reformaremos el Código Penal para que cada juicio se resuelva los domingos por reality show en horario estelar. La doctora Palo podrá contratar personal de apoyo que tenga hambre.  El fiscal y el defensor tendrán tres minutos para conmover al país. El público votará enviando un mensaje de texto con la palabra "CULPABLE" o "INOCENTE". El juez electo será el presentador, quien ganará su reelección según los puntos de rating. Si el acusado es un terrateniente impío o un herético que duda de nuestra causa nacional, lo linchamos en vivo para complacer el algoritmo de las redes sociales. No necesitamos códigos, ni pruebas, ni el debido proceso que inventaron los burgueses europeos. La justicia es la voluntad del soberano enardecido los domingos por la noche: ¡Vox populi, vox Dei!

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 Aurelio y Leonidas  son las dos caras de la misma moneda colonial. Usted, magistrado, con su fetiche del tecnocratismo formal, cree que la razón es un rito sagrado para iniciados, una retórica leguleya con la que las élites ocultan su incapacidad de fundar una nación real. Y usted, leonino Leonidas, con su mesianismo ramplón importado, no es más que un cura de la Contrarreforma disfrazado de revolucionario, que quiere cambiar la infalibilidad del Papa por la infalibilidad de la masa para montar su propia Inquisición: ambos tienen el "tapete de Dios" cosido a los párpados. Ninguno busca la verdad ni la justicia material; solo buscan el monopolio del dogma. Uno quiere el dogma del palacio y el otro el dogma de la plaza. Mientras la justicia sea un fetiche de abogados o un circo de feligreses, seguiremos siendo esto: una sociedad caníbal que se devora a sí misma usando el abecedario de la Ilustración para justificar la barbarie.

 

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Epílogo

 

 




 

Aquí no se puede declarar empate, por ejemplo, si en el caso de una elección presidencial en este país de los tres colores: el amarillo, el azul y el rojo que son primarios en el modelo RYB, son tan puros que no se pueden crear ni obtener mediante la mezcla de ningún otro color, pero al igual son la base para los demás colores del círculo cromático (por ejemplo, el verde, el naranja y el morado): Te digo, en el caso de un empate en el número de votos entre candidatos por la carrera a la presidencia, señor Aurelio, Dr. Leonidas El ordenamiento jurídico colombiano contempla la posibilidad de un escenario excepcional: la decisión por sorteo avalada por la Corte Constitucional. Pero aquí en el país cromático ese caso es remoto, porque sepan ustedes, las últimas tres elecciones a presidente han estado signadas por el entusiasta voto de opinión que trascienden los números; eso quiere decir, una secularización del carisma. 

En el caso del sistema judicial, la entrada del carisma en las cortes anula la dialéctica héglica (no como dijimos, la trinitaria) y se procede al faccionalismo.