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domingo, 21 de junio de 2026

La falsa conciencia como verdadera conciencia actual: "gracias a Dios soy ateo"

La falsa conciencia como verdadera conciencia actual (gracias a Dios soy ateo)

 

La mentalidad dogmática religiosa de base social está secularizada. Esa mentalidad actúa como un tapete que impide "un cambio" psicológico". Es decir, la falsa conciencia actual se describe  como el chiste de que "gracias a dios soy ateo". Es el núcleo psicológico y sociológico del problema, lo que la teoría crítica llama “la persistencia de las estructuras mentales de larga duración”. Dentro de la sociología de la cultura latinoamericana, y la paradoja del chiste, se ilustra a la perfección cómo opera la falsa conciencia contemporánea.

 

En el  mecanismo del "tapete", la secularización no es superación.

La gran trampa de la modernidad fue hacernos creer que al vaciar las iglesias o dejar de rezar el rosario, nos habíamos librado del dogma desde el punto de vista de la separación iglesia-Estado, pero fue una secularización de la estructura mental, no su desaparición. El molde de la contrarreforma católica (basado en la culpa, el castigo, la infalibilidad de la autoridad, la dualidad bien/mal y la resignación) simplemente cambió de ropaje. Hoy ese tapete dogmático actúa bajo discursos laicos: el cientificismo ciego, la burocracia institucional, el manual de convivencia escolar, o el dogma económico del "emprendedurismo" (donde si eres pobre es por tu culpa/pecado, y si trabajas duro irás al cielo del éxito). El "cambio psicológico" impide la transformación del sujeto porque anula la autocrítica radical. El pensamiento dogmático (incluso del ateo o el progresista) funciona bajo certezas absolutas. El individuo cree que ha cambiado su mentalidad porque ahora consume estéticas rebeldes o discursos modernos, pero psicológicamente sigue operando igual: busca un amo (un gurú digital, un líder, un algoritmo) que le diga qué pensar; divide el mundo entre santos y pecadores (cancelación digital), y espera una salvación externa.Como la estructura psíquica de la sumisión permanece intacta debajo del tapete, el joven es incapaz de asumir la angustia de su propia libertad y responsabilidad frente a la historia. La falsa conciencia y el chiste dialéctico: “gracias a Dios soy ateo" es una genialidad dialéctica porque devela que el sujeto usa el lenguaje y la lógica del opresor para afirmar su supuesta liberación. En el joven de hoy, la falsa conciencia actúa igual: puede que use el lenguaje de la inclusión, la tecnología o el ateísmo militante, pero en su cotidianidad material sigue reproduciendo el fatalismo cristiano tradicional ("las cosas son así y no se pueden cambiar", "toca resignarse"). Es una rebeldía ilustrada pero impotente. 

El "Atravesado" de Andrés  Caicedo sufre de esto: odia la sociedad burguesa, pero la combate con los mismos métodos destructivos que el sistema le enseñó. Cree que se emancipa en la riña, pero solo está oficiando el ritual de su propio sacrificio. Esta es el detonante de oro para los muchachos. Hay que enseñarles a levantar ese tapete. 

En los ejercicios de lectoescritura se propone un ejercicio basado en "mis dogmas Laicos": pedirles que identifiquen esas verdades absolutas que repiten a diario y que parecen "lógicas" o "modernas" (ej: "El que quiere, puede", "La tecnología nos va a salvar", "Al final todo pasa por algo"), para luego desarmarlas en un relato que muestre cómo esas frases operan en realidad como anestésicos que les impiden rebelarse contra la "realidad real" de su desempleo o su exclusión. 
Introducir esta deconstrucción de los "dichos y certezas" modernos es un ejercicio de apertura para empezar a notar la propia falsa conciencia antes de escribir.


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