Seguir pensando la escritura como "contenido a sublimar" me hizo sabotear "el fragmento que daba un toque de contrapunto al texto". Al escribir "farsa pacifista", caí en la tentación del "contenido directo" que quiere asegurar un mensaje para el de severa mirada.
También al escribir: "farsa pacifista"... Le di un tono de moral ...
Por ese motivo decidí mostrar la realidad del bostezo de Barack Obama en la "VI Cumbre de las Américas en Cartagena de Indias (2012) donde los de mirada "sensacionalista" se deleitaron por varios sucesos "scandalous" pasados allí.
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Que la literatura no opina sino encuadra, puede generar la condena de un cualquier escritor y ganar el científico guiño de un geómetra o fotógrafo. Así queda la versión III
El hombre que había decidido escribir la historia
(Versión III)
El cabello profetizaba productos de alta gama y puestos VIP; las redes admiraban el diseño. Bebiendo cerveza con el marido, ella calculaba el premio institucional con el tema de moda. A su lado, el muchacho, un artefacto salido de una IA listo para poner a trabajar los dedos.
La tenían clara. Afuera, el sol de la tarde; adentro, el túnel seco de la envidia para el que se sabe fuera del reparto. Entró el muchacho y dictó la sentencia del gremio: tienes que untarte del entramado, tus finas faldas tienen que mojarse de cerveza de tienda.
En la pantalla colgada junto a la vitrina de los jugos, la transmisión de la sesión plenaria de la VI Cumbre mostraba a Barack Obama conteniendo un bostezo rancio en mitad del discurso de apertura: nadie miraba arriba (era un periódico de ayer).
El marido de la dama apuraba la sopa del almuerzo ejecutivo, con el maletín entre las piernas, pensando en los plazos de la entrega. La pantalla cambió a un archivo gris: Margaret Thatcher entregándole a Ronald Reagan un lienzo al óleo que celebraba las virtudes del esfuerzo individual; el viejo presidente apenas parpadeó antes de abrir la boca en otro espasmo de aburrimiento idéntico. Un bostezo heredando a otro bostezo sobre el plástico de las mesas. El marido limpió la comisura de los labios con una servilleta de papel corriente y pidió la cuenta, apurado por regresar a la oficina donde se cocina el libreto de la semana.
Ves que tu cabeza opaca todo lo que un día hizo que la nariz celebrara. Aun disgusta que se sonrían como presintiendo la ofensa. Das la vuelta; es mejor. No los imagines bailando las ganas que una vez te hicieron ser los pájaros del parque de los cultos de pupitre de madera robada al bosque. No, la luna no llega porque sí. A ellos se les da muy fácil hurgar en las vidas. La escritura es el rumor de espaldas.
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En una casa, un cuadro de marco apolillado mostraba el collage de los bostezos; la dama de hierro con su más dulce sonrisa ofrecía su mano a Reagan. Otra noche sin puerta la casa; reclamaba al marido.