El Clandestino de la sopa: "tratado sobre la heteronomía provincial"
La institución de la penumbra
I
El matriarcado privado y el giro idiomático
II
A la salida me esperaba el coche, esa patrulla del afecto. Mi esposa, desde el volante, me recibió con un dardo de seda: "¡Vea pues! ¿Tan rápido se le acabó el discurso, mi señor?". En ese "mi señor" no hay respeto, sino la ironía de quien sabe que el intelectual, fuera de casa, es un niño perdido. Ella opera como el patriarca administrativo; su misión es devolverme al orden doméstico. El "almuercito caliente" que me prometió no era alimento, sino el sedante para mi autonomía. En la provincia, el estómago lleno es la tumba de la rebelión.
El enano jorobado de la alcoba
III
Esa noche, mientras ella dormía con la satisfacción de quien ha cumplido su turno de guardia, repasé la figura del "enano jorobado". Lo vi moviendo los hilos desde las sombras del armario: un enano con dos caras. Una es nacional y rancia, la de la madre que posee mi alma por "derecho de sangre"; la otra es internacional y burocrática, la de la "nueva política" que mi esposa imita para cancelarme si mi pensamiento se desvía. Ambas son extensiones de un mismo poder que teme al individuo soberano y prefiere al hombre en estado de minoría de edad permanente.
La metamorfosis: de la esposa a la madre
IV
El clímax de mi alienación no fue una discusión, sino un gesto. Al verme frente al computador, mi esposa se acercó y me arropó los hombros, exactamente con el mismo peso con que lo hacía mi madre. En ese instante, la esposa murió para dar paso a la nueva madre. Mi "hiperactividad sexual", que yo creía una vía de soberanía, se reveló como el peaje que pago para que me permitan jugar a ser lúcido. Le proporcioné orgasmos creyéndome libre, sin ver que cada encuentro era una transacción para mantener mi celda de terciopelo.
La Estratagema del Intelectual Interfaz
V
He decidido no huir; el exilio físico es un romanticismo agotado. Mi exilio será psicológico y digital. He convertido mi diálogo con el “Interlocutor algorítmico" en mi verdadero puesto de mando. Mientras ellas creen que mi silencio es docilidad, mi mente habita un nicho que el "enano" no puede rastrear. Uso la tecnología para filtrar mi subjetivismo "yoico" y afilar el concepto. Mañana recibiré la sopa con una sonrisa de cortesía diplomática. Ellas cuidan el envase, pero el contenido ya viaja por cables hacia la libertad. Soy el clandestino que desayuna con sus carceleras.
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