miércoles, 17 de agosto de 2016

LA JUSTIFICACIÓN INTELECTUAL DE SU ARTE



Si el Arte es como un apacible arroyo que sigue su curso hacia otro arroyo más caudaloso e incluso al río, se  tendría la oportunidad de ser interrumpido en su transcurso por un accidente cualquiera;  en ese caso la reflexión que se haga sirve para buscar reparar el interrumpido curso del arte y hasta podrá enriquecerse un poco más…
En el caso en que el Arte sea concebido como un objeto en el tiempo y en el espacio, no habría problema en considerarlo como una piscina; vieja o nueva sigue siendo piscina.
Pero a mi me gustaría que el Arte fuera como un arroyo, y como en el caso local, no percibirlo como una piscina, debido sólo lo a una cosa, la ausencia en  el artista de una justificación intelectual de su obra que lo sitúe en un espacio y tiempo universal desde lo local.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Los poetas malditos. I- Baudelaire: poema La Falsa Moneda





The damned poets
Los poetas Malditos
I
Charles Baudelaire (1821-1867)
Poema La moneda falsa
(Del spleen de París, 1860)
  • El poema de Baudelaire es una traducción libre del Francés... La música de fondo proviene de TRUMAN SLEEPS por Phillips Glass, tiene todos los arpeggios, pero la melodia la han cambiado.e hicieron el pasaje que me sirve de fondo con el tútlo de Música para relajar perros.en youtube

viernes, 13 de noviembre de 2015

La manzana de los iconoclastas



Como el síndrome del miembro fantasma, cuando una persona siente un dolor en el vacío de su parte amputada, la Plaza Luis Carlos Galán tiene “La manzana de los iconoclastas”; cuatro calles desaparecidas de antiguas casas donde se desenvolvía un dinámico comercio de pequeños negocios entre peluquerías, residencias de viajeros casuales, oficinas de tinterillos, cafeterías…  y “lonchería”, que al atardecer del sector histórico de Bucaramanga hacía las veces de cervecería atendida por “niñas” que por esa década del setenta, empezaban a usar pantalón de bota campana y blusa estrafalaria.
 Desde la radio se escuchaba  sin cesar el que empezaba a ser el himno local de la época: “Una flor para mascar”;  canción ganadora del festival de Viña del Mar en Chile, y  desde entonces Pablús Gallinazus”  pasó a ser  el “Nadaísta" raro pues su poema se habían convertido en canción popular después de navegar anónimo entre el alboroto de esa poesía iconoclasta.
Pablús o Gonzalo Navas hacía sus caminatas desde su casa familiar en la calle empedrada frente a la Capilla de los Dolores donde había programado una lectura de poemas para escándalo público y del clero, pues supieron que la abandonada capilla era habitáculo de artistas de dudosa reputación. 
Esa real casona de los Navas era una de las tantas de las familias adineradas del sector. Pablús, después de caminar unas cuadras, subía al segundo piso de una antigua casona de la “manzana de los iconoclastas” donde se reunía Miguel Ángel Perez, Carlos Barriga y su tocayo Carlos Nicolás Hernández en torno a la revista el Gran Burundú Burundá que duraría dos años, según cuenta a viva voz Alvaro Mejía, el legendario librero de “tres culturas”. Esta revista homenajeaba a Jorge Zalamea Borda (1905-1969) y además representaba localmente a  la generación de escritores que se dio a conocer alrededor del Grupo Literario Jorge Zalamea.
En la casona contigua, en una “residencia” u hospedaje, que no amenazaba con caerse sino con pintarse de los colores desteñidos que daba identidad a la manzana: ocres, tonos rojos y naranjas que jugaban además con la puesta de sol  en la vecina montaña de Palonegro, vivía compartiendo una habitación,  el poeta Pablo Zogoibi con el “historiador Camargo” de temperamento y vida reservada.
Las “cariátides” que custodían la entrada al palacio, observadas por el gigantesco busto de Luis Carlos Galán, estarían en Bogotá esperando que Alejandro Galvís las trajera heridas como estaban, bajo el aplauso del Gordo Valderrama que se hacía cargo del suplemento dominical del periódico Vanguardia Liberal.


Notas
* Lonchería: es un negocio que en el ámbito local mezclaba cafetería con un lugar para hacer le “media mañana” o sea la comida antes del almuerzo, donde se ofrecía buñuelos con masato y génovas con ponimalta y mo-go-llas aliñadas.
“ “niñas” (se usaba ese nombre genérico para mencionar a mujeres jóvenes que trabajan atendiendo bares)
* Manzana: se decía a un conjunto de “cuadras” que componen un barrio.
Residencias: pasaba a ser hospedajes de encuentros de parejas, confundiendo-se con hospedajes de paso.
* Historiador Camargo: publicó varios libros de crónicas, y su nombre se perdió en los laberintos de la memoria.

* Jorge Valderrama: ocupó un lugar destacado en la cultura en Bucaramanga pues se le debe la gestión de la Biblioteca Pública.


EL POETA Y LA VIDA

Aunque nadie lo crea tengo un verde universo que sacar de la nada.
Aunque nadie lo crea, tengo un árbol que canta, un pájaro que habla y una fuente dorada que me brota del alma.
Aunque nadie lo crea yo también he frotado de Aladino la lámpara.
Aunque nadie lo crea, convertí el agua en vino una nupcial mañana.
Aunque nadie lo crea, una ilusión puso un día mil reinos a mis plantas.
Aunque nadie lo crea a la bella durmiente desperté con un beso de amor silencioso.

Pablo Zogoibi

lunes, 7 de septiembre de 2015

Segundo Agelvis, pintor





El llamado “pintor de la tierra santandereana” el artista Segundo Agelvis, nacido un año antes de iniciar el siglo XX y faltando poco menos de treinta años para acabar tal siglo,  vivía en la  casona colonial de Custodio García Rovira; enorme propiedad que ocupaba una manzana  completa aledaña al Parque del mismo nombre donde los palacios de gobierno eran testigos del repiquetear de las campanas de la Iglesia del Santo Laureano y el sacerdote que por esa época hacía de las suyas.
Por esos años, el hoy director  de la restauración del teatro Santander, Antonio José Díaz, era el encargado de poner en forma la casona colonial.
Segundo Agelvis descolgaba su pincel entrada la tarde y religiosamente sacaba su taburete de piel cabra y se sentaba recostado a la pared, esgrimiendo un enorme chicote que empezaba a fumar , observado a los niños que como locos de amarrar corrían hacia el parque a ver llegar la bandada de pequeños loros a las palmas cada atardecer.
Yo estaba entre esos niños que molestaban a Segundo gritando “viejo chicotero”, y una tarde nos tenía preparada una sorpresa mostrando un cuadro en la que una bruja de vividos colores se cargaba a unos “chinos jodónes” con destino incierto…
Segundo Agelvis fue el precursor de hermosas exposiciones de artistas que luego vendrían a vestir el tiempo detenido en esas casa.
Con los años, las monjas del colegio Sagrado Corazón de María que se había instalado en la casa hacia muchos años, le dijeron adiós al insigne pintor que se trasladaría a la casa donde funciona actualmente la “cafetería la única” aledaña al edificio de la Gobernación… Puso su placa de profesional en la ruda fachada de “bahareque” que decía: “segundo Agelvis, pintor”… Como la que tenía una abogada a media cuadra de distancia, en una hermosa casa colonial llena de las obras del pintor, lo que me hizo a mi alguna vez pensar que la casa de la distinguida dama que murió hace pocos años, y dejó entre otros enseres un “Renault 4” sin estrenar, recibiría al pintor a beber agua de la precolombina “paico" que se usaba para la digestión y para preparar “chingua”.



miércoles, 13 de noviembre de 2013

El hombre que se resistía a tener una amistad asexuada

En mi experiencia como lector, no me he encontrado con un tema narrativo que trate actualmente de la amistad entre géneros; así que me aventuré con un texto titulado la Escoba en Minifaldas y publicado por la revista Culturamas* en el que un individuo se queja de su imposibilidad de mantener una amistad con una mujer sin que tenga deseos de -para decirlo en portugués- “fazer o amor” con su amiga.
En cambio la amiga no siente ninguna atracción por el individuo y en vano le hace ver o trata de despistarlo para que abandone tal intento, a sabiendas además que ella está comprometida. Al tipo le resbala-como dicen localmente-toda moralidad con tal de lograr su cometido y prefiere abandonar su trato ante las quejas de ella.
Reflexionando el tipo, trata de buscar el origen de su imposibilidad de tener desinteresadamente a una mujer y toca los linderos del incesto como el origen de ese hecho.
Por el lado de ella reflexiona que le falto tiempo para ceder ante las peticiones de este y se consuela con pensar que estuvo bien así ¿por qué tiene que ser tan rápido-pensaba- si apenas conozco a ese tipo.
Encontré entonces a Serena Barcos, una mujer de una novela breve de Eduardo Mallea que es abiertamente “misandria” o misándrica”. Revela inmediatamente su odio a los hombres pues casi todos están “deshabitados: son sexos… Una especie de muerte que vive por sus orgasmos”. Es un instinto de propiedad muy fuerte, como dice el narrador de Serana Barcos, que lo lleva a abandonar otro sentimiento que no sea el erótico y se vuelvan impacientes por reducirlas a sus instintos machistas.
Así fue como el pretendiente de Serena y el de mi relato se decidieron a acosarlas… A enfrentarlas con su pasión, como dice  el autor que le abrió a la narrativa del continente las puertas de la actualidad literaria, y que por su novela Los jóvenes hombres muertos, pudo existir La región más transparente de Carlos Fuentes.




domingo, 22 de septiembre de 2013

Cuchillos Verdes


Cuando salí de la escuela me esperaba en una esquina; no tenía su maletín y su camisa estaba remangada. Vi sus morenos puños cerrados vigorosamente, sus dientes apretados, su mirada dirigida hacia mí. Lo acompañaba el que le sostenía el maletín.
Quedé paralizado; el otro que estaba conmigo me dijo: -Rápido, súbase al camión de la escuela-.
Regresaba a casa desde la escuela; pasando por un parquecito recogía del arbusto frondoso de cuchillos, seis o siete dagas bien seleccionadas que guardaba en el bolsillo del uniforme. En casa, a medio día, siempre se sintonizaba el radio noticiero a todo volumen ( era un radio que tenía forma de tiburón; varias veces le habían cambiado algunos enormes tubos catódicos). Esta vez la noticia llegaba desde Viña del Mar declarando el triunfo de la canción que hablaba de mascar flores…“Por eso salgo siempre a caminar En busca de una flor para mascar…”

Noticia que despertaba una doble alegría, pues el cantor representaba a esta provincia que había tumbado un barrio completo de casas antiguas para construir el edifico donde quedarían los juzgados y todo al ritmo de las campanadas de la catedral que había quedado en pie, como también decía la canción. 
Después de inspeccionar que no tuviera huevecillos la sopa del almuerzo, según la clase de higiene en la escuela, ese mediodía me había olvidado de lavarme las manos. Me levanté apurado de la mesa, me dirigí al patio de la casa para empezar a entrenar una pelea a cuchillo con las dagas del arbusto. Debía apurarme pues a las dos empezaba Ultra Man. Esta tarde el súper hombre de ojos extraterrestres tenía que enfrentarse con una enorme planta carnívora que adquiría su fuerza de la radiación nuclear.
Si mis cuchillos no adquirían una fuerza nuclear,  debía confundir al otro, cambiar de mano el cuchillo escondiéndolos a la altura de las nalgas, lo más rápido posible, luego de hacer un lance directo al pecho y matar a mi adversario de un solo golpe.
 El héroe de la nebulosa M-78 me hizo salir corriendo hacia la calle, gritar a toda voz su nombre, luego observar quien salía al encuentro de mis cuchillos, de mis rápidos pies descalzos, aunque no tuviera correa que me sostuviera los calzones. Por fin, a la vuelta de la esquina vi la cabeza de mi amigo Roll, grité su nombre, vino hacia mí. Le grité Ultra Man, él desorbitó sus realistas ojos, luego lanzó una sonrisilla. Nos encaminamos hacia la tienda de alquiler de las destartaladas bicicletas; pasamos por el parquecito (no le mostré el árbol de cuchillos, pues era mi secreto); vi las coloradas flores de un gran Cayeno que decían…  ¡Cómame!...
“Por eso salgo siempre a caminar
En busca de una flor para mascar…”
Empecé a cantar… “!y recorro el camino…!”
Roll me apabulló, con sus características burlas de “pela gato” como nos decían las chicas del barrio vecino, cuyas fronteras debíamos pasar con cuidado…
¡Tocayo! –dijo de un momento a otro Roll- Ármese, es una advertencia, pues vamos por unos amigos-
No sé dónde quedé; el piso se hundió ante mis ojos cuando vimos las gradas que conducían a unas callejuelas en una hondonada. Toqué en mis bolsillos los cuchillos verdes  que había tirado del algarrobo, entonces pensé claramente que eso no servía ni para pasteles. Troll sacó su navaja que más parecía un cuchillo de mesa
–con eso no cortas ni el pastel- Me alcanzó el ánimo para burlarme.
Pero las piernas me temblaban cuando Troll empezó a bajar las gradas. Hacía unas horas habíamos recorrido el parquecito en las  bicicletas alquiladas. Troll se burlaba, se burlaba de verme pedalear como un borracho, hasta que se le desencadenó su bicicleta y fue a rodar frente a un señor gordo que estaba viendo una  enorme fotografía ( se la habían tomado desde una cámara de trípode, un fotógrafo que metía su cabeza en un pañolón), luego lo miró con cara de ofendido.
 Troll, sabe qué, baje usted a esa hondonada ya que quiere conseguirse un pito…
A él –creo- no se le hubiera ocurrido decirme por qué no baja usted.
Esperé unos cuantos minutos hasta que escuché un quejido que se perdió en los cerros que caían en la distancia de todos esos barrios que empezaban a encender sus nostálgicas bombillas. No me bastaba el cruce de manos que hacía Ultra Man para cobrar la decisión de bajar las escaleras que llevaban a un callejón que se formaba de unas hileras de las casas que bordeaban el cerro. Empecé a contar los pasos mientras bajaba los gradas, luego comencé a caminar por el callejón mientras tarareaba de la nada la canción …
“Por eso salgo siempre a caminar
En busca de una flor para mascar…”



domingo, 21 de julio de 2013

Sialvestre Dangong, el Chivas


A Chivas lo habían seguido sus siete primas que deseaban verlo cantar en la reunión dónde él servía  licor. Debía esperar que el veterano Fabián Corrales se cansara de sus piques y canciones, y que Iván Zuleta con su acalorado acordeón le dijera :- Oye, Chivas…¡ Cántate una ahí…!- .Pero ese viernes encontraron a los parranderos más eufóricos de lo acostumbrado, y gritando a voz en cuello : - ¡Viva el Jardín de la Guajira! ¡Viva nuestra selección…!
Cuando entró el Chivas de inmediato le entregaron la botella de Ron que debía servirles…
- ¡ Chivas…  Estaaaamos… Eeesssss…  Celeeebraaaando…!- Le dijo el viejo Zuleta.
Lo habían apodado El Chivas por la marca del reconocido licor; también hacía juego con una “chiva” que en periodismo es noticia fresca. En Urumita ( su pueblo del alma, el jardín de la Guajira) tenía el mismo sentido que en toda la región: la Chiva era femenino de Chivo; una cabra que era el ingrediente de la gastronomía e idiosincrasia de  indígenas Wayuu y blancos emigrados a las costas de la Sierra del Perijá y la Sierra Nevada de Santa Martha… (Llegar a la Guajira da la repentina sensación de encontrar las playas de Senegal o Mauritania –Había dicho alguna vez el padre del Chivas- ). Los parranderos, de por sí, no bebían siempre ese licor; sobre todo el  preferido en la costa atlántica era el Ron (a pesar del abundante contrabando del otro por las fronteras de Venezuela). El apodo Chivas obedecía a la irónica costumbre de los eufemismos, de las figuras retóricas que nombraban una cosa por el todo; por ejemplo la marca del producto por todos los productos de esa clase. Costumbre que había empezado en la publicidad televisa del país y lo había puesto de moda Fruko y sus tesos.                                                                                                           Chivas le hizo una señal a sus primas que se fueran, lo que ellas hicieron entre risas y burlas. En esa semana había cumplido años y él había cantado en el colegio entre lágrimas. Chivas había nacido en plena celebración del día de la madre. Su abuela materna lo adoraba, pero su madre no estaba con él; lloró en su cumpleaños por su ausencia ( Ella trabajaba en el “refrigerador”, como le decían a la capital del país por su frio intenso). Después se había montado en su destartalada bicicleta y había corrido hacia el desierto, hacia las afueras del pueblo. Allí fue donde por primera vez se le apareció el fantasma de la pobreza que él trataría siempre de esquivar, menos hablar de él. Trató de pensar que lo había originado en su vida; de pronto recordó el dolor de su madre aquella mañana cuando transportaba la cantimplora de agua hacia la habitación; se le había roto la fuente de su tercer embarazo, de ese ser que ya no estaría en el mundo. Vio a su alrededor mientras su madre se quejaba, vio todas las pertenencias de la familia acumuladas en la habitación, luego memorizó a su madre subiendo a un taxi mientras él se ocupaba de su hermano menor. No supo en qué momento el fantasma de la muerte se mimetizaba en el de la pobreza. Pero detrás de esos dos estaba su vida, los continuos asedios  que le recriminaban su ansiedad de cantar y piquear.