miércoles, 30 de noviembre de 2016

Si sigues buscando el ave

 Les presento de mi reciente trabajo
 literario, unos poemas que tienen el jugo de un deseo
 que está moviendo mi país: la paz…
Esta colección tiene el título
 El incendio de las guerras blancas.


I
Si sigues buscando
El ave
Blanca blanca
Yo te digo está en la voz
Voz del viento
Y si vuelve  ave
vuelve  eco…
Vuelve coro que suena lejos
Un coro al fin y al cabo
Un coro que es tu voz
aunque también es eco
Si la buscas
está en la ciudad
en el campo y en las flores
en la rosa de los vientos
 marchita en el  constante florecer
volando o anidando
en el camino cualquiera del ave
En cualquiera de tus caminos
donde encontraste la vida
Si vas buscandola
el ave Está donde puede estar
está donde la voz se encuentra
esta el ave el ave  
Blanca Blanca
En el concierto
En el desierto
Está
En el  con
En el sen
En el so’





sábado, 8 de octubre de 2016

Las veinte gallinas

Las veinte gallinas estaban peladas y listas sobre la mesa y con sus largos cuellos destemplados. El clérigo todavía no daba la orden de lanzarlas a la enorme olla que brillaba de negra por la hábil fogata. La vegetación frente a la iglesia se había cubierto de neblina. Ahora falta que aparezca un hijueputa venado y este bazar se nos va por la letrina, dijo ávidamente el cura mientras arrancaba la camioneta que parecía borracha y jadeante subiendo la cuesta hacia la vereda cercana. Casi que no logro trepar a la defensa trasera y saltar adentro. La muchacha tenía amarradas por las patas otra diez gallinas y escuché que una cacareaba como si la hubiese bañado viva en una olla de agua hirviendo; cacareaba con lamentos lastimeros como si ya resignada no quedara sino lamentarse de su suerte… El cura bromeó un tanto con ella, llamando la atención de lo crecida y bonita que estaba. La muchacha sonriente y alelada por las palabras del párroco siguió metiendo gallinas a la olla.
Emsy, hola, es esos son eventos que se dan en las veredas rurales Andinas y se llaman Bazares donde el plato principal es el sancocho de gallina

"fenomenología del mundo actual"


Lo que tengo que decir sobre una "fenomenología del mundo actual" es sobre la multitud de pesimistas o pessimun (lo peor) que se mueven en las ciudades... El irracionalismo alimenta a este, junto con las ideologías más vivas de derecha, de izquierda, y los fanatismos religiosos comandados por el catolicismo.
 La confusión intelectual que genera este pasa por la moda de ser erudito y haber leído a Sartre y Cioran; ambos pesimistas. La gente de todos los días confunde el pesimismo con el realismo, y el rico se vuelve de izquierda, y el pobre fanático de derechas.
En este valle de lágrimas, el escepticismo, el nihilismo, el maniqueísmo, el ascetismo se comen con pan y café

miércoles, 17 de agosto de 2016

LA JUSTIFICACIÓN INTELECTUAL DE SU ARTE



Si el Arte es como un apacible arroyo que sigue su curso hacia otro arroyo más caudaloso e incluso al río, se  tendría la oportunidad de ser interrumpido en su transcurso por un accidente cualquiera;  en ese caso la reflexión que se haga sirve para buscar reparar el interrumpido curso del arte y hasta podrá enriquecerse un poco más…
En el caso en que el Arte sea concebido como un objeto en el tiempo y en el espacio, no habría problema en considerarlo como una piscina; vieja o nueva sigue siendo piscina.
Pero a mi me gustaría que el Arte fuera como un arroyo, y como en el caso local, no percibirlo como una piscina, debido sólo lo a una cosa, la ausencia en  el artista de una justificación intelectual de su obra que lo sitúe en un espacio y tiempo universal desde lo local.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Los poetas malditos. I- Baudelaire: poema La Falsa Moneda





The damned poets
Los poetas Malditos
I
Charles Baudelaire (1821-1867)
Poema La moneda falsa
(Del spleen de París, 1860)
  • El poema de Baudelaire es una traducción libre del Francés... La música de fondo proviene de TRUMAN SLEEPS por Phillips Glass, tiene todos los arpeggios, pero la melodia la han cambiado.e hicieron el pasaje que me sirve de fondo con el tútlo de Música para relajar perros.en youtube

viernes, 13 de noviembre de 2015

La manzana de los iconoclastas



Como el síndrome del miembro fantasma, cuando una persona siente un dolor en el vacío de su parte amputada, la Plaza Luis Carlos Galán tiene “La manzana de los iconoclastas”; cuatro calles desaparecidas de antiguas casas donde se desenvolvía un dinámico comercio de pequeños negocios entre peluquerías, residencias de viajeros casuales, oficinas de tinterillos, cafeterías…  y “lonchería”, que al atardecer del sector histórico de Bucaramanga hacía las veces de cervecería atendida por “niñas” que por esa década del setenta, empezaban a usar pantalón de bota campana y blusa estrafalaria.
 Desde la radio se escuchaba  sin cesar el que empezaba a ser el himno local de la época: “Una flor para mascar”;  canción ganadora del festival de Viña del Mar en Chile, y  desde entonces Pablús Gallinazus”  pasó a ser  el “Nadaísta" raro pues su poema se habían convertido en canción popular después de navegar anónimo entre el alboroto de esa poesía iconoclasta.
Pablús o Gonzalo Navas hacía sus caminatas desde su casa familiar en la calle empedrada frente a la Capilla de los Dolores donde había programado una lectura de poemas para escándalo público y del clero, pues supieron que la abandonada capilla era habitáculo de artistas de dudosa reputación. 
Esa real casona de los Navas era una de las tantas de las familias adineradas del sector. Pablús, después de caminar unas cuadras, subía al segundo piso de una antigua casona de la “manzana de los iconoclastas” donde se reunía Miguel Ángel Perez, Carlos Barriga y su tocayo Carlos Nicolás Hernández en torno a la revista el Gran Burundú Burundá que duraría dos años, según cuenta a viva voz Alvaro Mejía, el legendario librero de “tres culturas”. Esta revista homenajeaba a Jorge Zalamea Borda (1905-1969) y además representaba localmente a  la generación de escritores que se dio a conocer alrededor del Grupo Literario Jorge Zalamea.
En la casona contigua, en una “residencia” u hospedaje, que no amenazaba con caerse sino con pintarse de los colores desteñidos que daba identidad a la manzana: ocres, tonos rojos y naranjas que jugaban además con la puesta de sol  en la vecina montaña de Palonegro, vivía compartiendo una habitación,  el poeta Pablo Zogoibi con el “historiador Camargo” de temperamento y vida reservada.
Las “cariátides” que custodían la entrada al palacio, observadas por el gigantesco busto de Luis Carlos Galán, estarían en Bogotá esperando que Alejandro Galvís las trajera heridas como estaban, bajo el aplauso del Gordo Valderrama que se hacía cargo del suplemento dominical del periódico Vanguardia Liberal.


Notas
* Lonchería: es un negocio que en el ámbito local mezclaba cafetería con un lugar para hacer le “media mañana” o sea la comida antes del almuerzo, donde se ofrecía buñuelos con masato y génovas con ponimalta y mo-go-llas aliñadas.
“ “niñas” (se usaba ese nombre genérico para mencionar a mujeres jóvenes que trabajan atendiendo bares)
* Manzana: se decía a un conjunto de “cuadras” que componen un barrio.
Residencias: pasaba a ser hospedajes de encuentros de parejas, confundiendo-se con hospedajes de paso.
* Historiador Camargo: publicó varios libros de crónicas, y su nombre se perdió en los laberintos de la memoria.

* Jorge Valderrama: ocupó un lugar destacado en la cultura en Bucaramanga pues se le debe la gestión de la Biblioteca Pública.


EL POETA Y LA VIDA

Aunque nadie lo crea tengo un verde universo que sacar de la nada.
Aunque nadie lo crea, tengo un árbol que canta, un pájaro que habla y una fuente dorada que me brota del alma.
Aunque nadie lo crea yo también he frotado de Aladino la lámpara.
Aunque nadie lo crea, convertí el agua en vino una nupcial mañana.
Aunque nadie lo crea, una ilusión puso un día mil reinos a mis plantas.
Aunque nadie lo crea a la bella durmiente desperté con un beso de amor silencioso.

Pablo Zogoibi

lunes, 7 de septiembre de 2015

Segundo Agelvis, pintor





El llamado “pintor de la tierra santandereana” el artista Segundo Agelvis, nacido un año antes de iniciar el siglo XX y faltando poco menos de treinta años para acabar tal siglo,  vivía en la  casona colonial de Custodio García Rovira; enorme propiedad que ocupaba una manzana  completa aledaña al Parque del mismo nombre donde los palacios de gobierno eran testigos del repiquetear de las campanas de la Iglesia del Santo Laureano y el sacerdote que por esa época hacía de las suyas.
Por esos años, el hoy director  de la restauración del teatro Santander, Antonio José Díaz, era el encargado de poner en forma la casona colonial.
Segundo Agelvis descolgaba su pincel entrada la tarde y religiosamente sacaba su taburete de piel cabra y se sentaba recostado a la pared, esgrimiendo un enorme chicote que empezaba a fumar , observado a los niños que como locos de amarrar corrían hacia el parque a ver llegar la bandada de pequeños loros a las palmas cada atardecer.
Yo estaba entre esos niños que molestaban a Segundo gritando “viejo chicotero”, y una tarde nos tenía preparada una sorpresa mostrando un cuadro en la que una bruja de vividos colores se cargaba a unos “chinos jodónes” con destino incierto…
Segundo Agelvis fue el precursor de hermosas exposiciones de artistas que luego vendrían a vestir el tiempo detenido en esas casa.
Con los años, las monjas del colegio Sagrado Corazón de María que se había instalado en la casa hacia muchos años, le dijeron adiós al insigne pintor que se trasladaría a la casa donde funciona actualmente la “cafetería la única” aledaña al edificio de la Gobernación… Puso su placa de profesional en la ruda fachada de “bahareque” que decía: “segundo Agelvis, pintor”… Como la que tenía una abogada a media cuadra de distancia, en una hermosa casa colonial llena de las obras del pintor, lo que me hizo a mi alguna vez pensar que la casa de la distinguida dama que murió hace pocos años, y dejó entre otros enseres un “Renault 4” sin estrenar, recibiría al pintor a beber agua de la precolombina “paico" que se usaba para la digestión y para preparar “chingua”.